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La Natividad de Jesús




    La historia que conmemora el mundo cristiano en cada Navidad es la más bella y hermosa del mundo. Se trata del nacimiento de un niño pobre- muy pobre hijo de una humilde doncella y un rústico carpintero. La historia se desarrolla en un pequeño pueblo llamado Belén y está llena de un encanto especial, que la convierten en el relato más extraordinario del mundo.


    Anunciado por un formidable y reluciente ángel, celebrado por un coro de voces celestiales, que proclaman su llegada con un resonante ¡Gloria a Dios en las Alturas! ¡y buscado por unos extraños sabios y magos del Oriente, que siguiendo una brillante estrella, esperan encontrarle y rendirle tributo y obsequiarle ricos presentes.


    Todo ese marco real, milagroso y fántastico, nos enfrenta un nacimiento sencillo mísero y pobre. Este rey tan anunciado y esperado, que nace en la más extrema pobreza, en el frío y entre los animales y el estiércol de un miserable establo de una aldea pobre.


    ¿Es este el rey de quién tanto hablamos los cristianos? ¿Qué clase de rey es éste? ¿Un rey sin riquezas no corona y nacido entre las bestias y el estiércol de un mísero establo? ¿Un rey anunciado por ángeles y coros celestiales que nace pobre y olvidado? ¿Cuál será entonces la relidad y la verdad de su reino? ¿Cuál será entonces la grandeza de este rey de los cristianos?


    Esta hermosa historia, que se recrea en cada Navidad, no debe conmemorar, en modo alguno, a un Cristo olvidado por el mundo que se dice cristiano y que cada día lo somete al martirio de la cruxifición, porque su palabra cae en boca de algunos fariseos que alegan predicar su mensaje.


    El Cristo que debemos conmemorar es uno que está lleno de la hermosura de su dignidad moral y de la importancia y trascendencia de su nueva ley: la ley del amor, el ejemplo del amor.


    Jesús nació en un establo. Un establo, un verdadero establo, no es el alegre pórtico ligero que los pintores cristianos han edificado al hijo de David, como si estuviesen avergonzados de que Jesús hubiese nacido en la miseria y la suciedad. Y no es el pesebre de yeso que los imagineros han ideado en tiempos modernos: el pesebre limpio y amable, gracioso de color. Esta puede ser un lujo de nuestro tiempo, pero no es, en verdad, el establo donde nació Jesús.


    Y es que este cuadro que nos presenta el establo donde nació Jesús presenta un marco simbólico: los animales serán la naturaleza, los pastores el pueblo pobre y humilde y los Tres Reyes serán la sabiduría y la ciencia antigua.


    Y este marco simbólico oculta tras de sí un profundo mensaje cristiano: "Bienaventurados los pobres, los que sufren y lloran... los que tienen hambre y sed de justicia, porque de ellos es el verdadero reino de los cielos."


(Del libro: Historia de Cristo de Giovani Papini)

 

 

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